miércoles, 15 de marzo de 2017


1. El ejercicio físico
Cada vez que ponemos nuestro cuerpo en funcionamiento gracias a una caminata, a la natación o a una sencilla rutina de ejercicios en el gimnasio, oxigenamos nuestro cerebro.

Toda actividad que reduzca nuestra carga de estrés propicia la neurogénesis. Solo tienes que encontrar ese tipo de ejercicio que más vaya con tu personalidad (bailar, caminar, ir en bici…).

2. Una mente ágil, un cerebro fuerte



Un modo de conseguir un cerebro ágil y fuerte es con la práctica de otro tipo de ejercicios, pero esta vez, dejamos a un lado lo físico para llevar al “gimnasio” a nuestro cerebro:

Lee cada día, favorece en ti el interés y la curiosidad por nuevas disciplinas.
Aprende un idioma nuevo.
Aprende a tocar un instrumento.
Mantén una visión crítica sobre las cosas y busca tu propia verdad.
Desarrolla una mente abierta, sé receptivo a todo lo que te envuelve, socialízate, viaja, descubre, apasiónate por la vida.





3. Cuida tu dieta


Uno de los mayores enemigos para la salud cerebral son las grasas saturadas. Los alimentos prefabricados y poco naturales también frenan la neurogénesis.
Es necesario que mantengamos una dieta baja en calorías, pero variada, ahí donde no falte nunca ningún nutriente.
Los alimentos ricos en omega 3 son, sin duda, los más apropiados para favorecer la neurogénesis.

4. El sexo también ayuda



El sexo es un gran arquitecto del cerebro y un favorecedor natural de la neurogénesis. ¿Adivinas la razón de por qué facilita esta conectividad?

El sexo no solo regula el estrés, sino que, además, nos aporta una carga emocional intensa que estimula nuestras áreas cerebrales relacionadas con la memoria.

Hormonas como la serotonina, la dopamina o la oxitocina generadas con este tipo de momentos íntimos favorecen la creación de nuevas células nerviosas.


5. La meditación

Los efectos de la meditación sobre nuestro cerebro son incuestionables, a la vez que maravillosos:
La meditación favorece ciertas capacidades cognitivas como, por ejemplo, la atención, la memoria y la concentración.
Nos ayuda a estar más presentes, a canalizar el estrés y la ansiedad.
Con la meditación, además, nuestro cerebro funciona con otra frecuencia: produce mayores ondas alfa, las cuales, poco a poco generan ondas gamma.
Este tipo de ondas favorecen la relajación y, a su vez, nos ayudan a estimular la conectividad neuronal y la neurogénesis.

Para concluir, tal y como has podido ver, estas 5 claves son fáciles de cumplir, entretenidas de poner en práctica y muy valiosas para tu salud cerebral.



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