viernes, 2 de junio de 2017


1. Te lo saltas para ahorrar calorías

Recuerda, tomar un café a la carrera no es desayunar. 


Un grupo de investigadores del Imperial College London comprobó que cuando nos saltamos el desayuno el centro de recompensa del cerebro es más sensible al observar comidas ricas en calorías. Es por ello que es más fácil que caigamos en cualquier tentación y, cuando vayamos a comer (y en algún momento tendremos que hacerlo) elijamos opciones menos saludables.

2. Es muy rico en carbohidratos

Están buenísimos, pero la mayoría de los cereales comerciales son de todo menos saludables

los cereales se convirtieron en los reyes absolutos del desayuno este tipo de productos, repletos de azúcares y cargados de calorías, no son un desayuno saludable. Es muy sencillo superar la cantidad recomendada de azúcar que podemos consumir en un día y si tomamos este tipo de desayunos nos pasaremos seguro.

Esto no quiere decir que nuestro desayuno no pueda incluir carbohidratos, pero en la medida de lo posible estos deben ser complejos, aquellos que se encuentran en los cereales integrales. ¿Necesitas tomar algo dulce? Opta por la fruta. Y trata siempre de añadir algo de proteína y grasas saludables: un mayor consumo de éstas se asocia a una sensación de plenitud mayor en la comida y en la cena posterior.

3. Es saludable pero no incluye vegetales

Los huevos son perfectos para desayunar, pero trata de acompañarlos con algo de fruta.

Para tomar las suficientes frutas y verduras éstas tienen que estar presentes en todas las comidas. Y es por ello que debemos incluir alguna pieza de fruta en nuestra primera comida del día 

Recuerda, además, que los zumos no pueden considerarse fruta. Al exprimir conservamos la misma cantidad de azúcar que la pieza original pero eliminando la mayor parte de su fibra. 

4. Es demasiado escaso

Las prisas nos impiden a menudo celebrar el desayuno como es debido. 
no es saludable que salgamos de casa deprisa y corriendo habiendo tomado, como mucho, un café y un par de galletas. es lo que hace muchísima gente.


Si te resulta muy complejo cocinar un desayuno tan variado todas las mañanas, prepáralo con antelación cuando tengas más tiempo. Basta con emplear cuarto de hora una tarde o el fin de semana para cocinar huevos revueltos, tortillas, o preparados de cereales integrales para toda la semana. O, mejor aún, acostúmbrate a guardar parte de lo que cocinas para desayunar. Nuestros mayores desayunaban sobras, que son siempre más saludables que el típico paquete de galletas. ¿Por qué no empezar el día con una buena sopa?
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